martes, 1 de febrero de 2011

De noche

Últimamente estudio mucho por la noche (hasta las tres o las cuatro de la madrugada). Eso me permite ser una sigilosa espía de mis vecinos. Ahora sé por qué no conocía al hombre de al lado: sin duda trabaja en un turno imposible, a la sombra de alguna cadena o al volante de un búho; hay quien baja al perro más allá de las doce, y quien vuelve del bar después de la ficticia prórroga del partido. También sé que los viernes y los sábados las chicas del quinto llegan del brazo de sus novios y que se entretienen mucho en el portal con ellos... yo no sé qué harán...
Ayer una mujer de unos cuarenta y cinco, completamente borracha y al borde del llanto, cruzó la calle. No vive en mi bloque, pero la conozco de vista. Hablaba sola y se tambaleaba, pero no se había perdido. Volvía a casa desde la desolación.

1 comentario:

Amparo dijo...

Me gusta esa última imagen de la mujer que se tambalea. No imagina que alguien la está viendo. Lo mismo que quienes espían, no saben si, a la vez, son objeto de algún otro observador. Uf. Muy bonito texto.