Al más profundo fondo de la noche, las luces de las casas forman un innumerable código de barras.
Cada punto en la fachada mide y tasa un insomnio. El de mi escritorio, blanco y fluorescente, me empuja más allá del desánimo, pero nunca soy la última en fundirlo a negro.
1 comentario:
Hermosa imagen!!
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